Ya hace meses que una tiene la sensación que el jugador francés es tan bueno como futbolista que como abanderado del egocentrismo. A lo largo de esta temporada y de la anterior ha ido dejando pistas de su escasa vinculación emocional con el club que le paga la nómina cada mes. Contento con su Bota de Oro, le dio a ésta el pase adelantado respecto al drama de su equipo, que encajó su primer ‘nadaplete’ justo el año de su llegada. Como si la misa no fuera con él, Mbappé lució galardón personal y se inhibió de todo aquello que sonara a polémica, drama o vía crucis blanco. Eso sí, en las escasas comparecencias públicas a las que nos tienen habituadas las estrellas, y gracias a ese verbo florido y cabeza bien amueblada que le adornan, el futbolista se abrazaba al madridismo como si no hubiera un mañana. Dos años después, ya no cuela. Lo comprobé en el partido del miércoles, cuando sus compañeros rodeaban al árbitro tras el encuentro, protestando la expulsión de Camavinga. El francés lo vivió en paralelo, saludando al técnico del Bayern y alejándose de la presión. A la suya.
Kilian Mbappé tardó seis años en llegar al Real Madrid y ya le sobran dos como profesional merengue. Va a sumar, de no mediar milagro, otra temporada sin ganar títulos ni tampoco el cariño de la afición. No ha cuajado en el corazón de los suyos, que si bien no le pitan -le agradecen la bota dorada- en el Bernabeu tampoco le aman con locura. No empatiza. No lidera. No se deja la vida en el campo. No se arranca la camiseta de rabia ni le da rabia que se la arranquen. Ni siente ni padece. Y eso no gusta en el Real Madrid. El penúltimo galáctico de Florentino Pérez ni enamora, ni excita. Es un alma libre. Tanto, que ante los desatinos de los servicios médicos de su club, optó por irse a París y estar allí el tiempo que su criterio decidió. Antes, hubo un runrún que le acusaba de borrarse de ciertos partidos y apuntarse a otros para batir un récord que ostentaba Cristiano Ronaldo. El yoísmo ilustrado en su más amplia acepción. ¿Y ahora qué, Mbappé? Pues el Mundial, claro. ¿O se habían olvidado ustedes? Él, desde luego que no.
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